Sanzai | La Artesana
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¡Hola!

Soy Natalia, diseñadora y artesana afincada en Lavapiés – Madrid.
Comencé a realizar las primeras piezas de madera como una afición, en el tiempo libre que tenía después de la oficina trabajando como diseñadora digital.

Aprendí de forma autodidacta y también gracias a la colaboración de mis compañer@s del taller, así poco a poco empecé a sumergirme en este maravilloso oficio y arte con la madera, cree redes con personas afines y comencé a participar en talleres relacionados con la madera, la recuperación de la misma, acciones en espacios autogestionados y movimientos vecinales.
Sentía cada vez más la necesidad de tener madera entre mis manos, de trabajar con ella, darle forma, olerla y sentir su tacto entre mis manos.
Más adelante empecé a trabajar como aprendiz en un taller cercano a mi casa, gracias a la experiencia de más de 40 años de mi compañero y maestro sigo aprendiendo y formándome.

 

Mis piezas están influidas por el concepto “Wabi-Sabi“, ver la belleza en lo que comúnmente se considera imperfecto, defectuoso o inacabado. Daisetz T. Suzuki lo describió como “una apreciación estética activa de la pobreza. Wabi es estar satisfecho con una pequeña cabaña, una habitación de dos o tres tatamis y con un plato de verduras recogido en los campos vecinos, y tal vez escuchar el sonido de una lluvia de primavera suave”.

 

La filosofía “De la cuna a la cuna” también está muy presente, creando un modelo con diseño eco-efectivo que se retroalimenta, no genera gasto ni contaminación.
Por ello suelo trabajar con madera recuperada, construyendo sin a penas consumir, tratando de reducir al mínimo el impacto medioambiental.
En el caso de las luminarias, las maderas son siempre recuperadas, el casquillo es cerámico y los cables son de producción textil sostenible, en los acabados utilizo tintes, aceites y ceras naturales.
Si en un futuro esa pieza de madera tiene que volver al agua, a la tierra y acaba su vida útil, la idea es que deposite la menor cantidad de materiales sintéticos y toxinas, que pueda convertirse en alimento y nutrientes para la tierra sin dañarla.

 

Otro factor muy importante para mi es el “Movimiento Lento” (Slow Movement), corriente cultural que promueve calmar las actividades humanas. Este movimiento propone tomar el control del tiempo en vez de someterse a su tiranía, dando prioridad a las actividades que redundan en el desarrollo de las personas, encontrando un equilibrio entre la utilización de la tecnología orientada al ahorro del tiempo y el tomándose el tiempo necesario para disfrutar de actividades como pasear o socializar. En muchas ocasiones no saboreamos la comida, no cultivamos el arte de hacer las cosas bien hechas; en otras palabras, no disfrutamos el viaje por estar tan enfocados en llegar a nuestro destino, por ello creo que es importante tomarse el tiempo necesario para producir algo de calidad, disfrutar el proceso y adaptarse al ritmo natural del planeta.

 

Y por último, no puedo pasar sin hacer mención a “Shanzhai“.
Shanzhaie es el neologismo chino que nombra a lo falso, al  fake, a la copia. – Su significado original es fortaleza de montaña -.

El teórico cultural surcoreano Byung-Chul Han comenta “Hay libros shanzhai, Premios Nobel shanzhai, películas shanzhai, diputados shanzhai o estrellas del espectáculo shanzhai”. Al principio, el término se refería a los teléfonos, a falsificaciones de productos de marcas como Nokia o Samsung que se comercializan bajo el nombre de Nokir, Samsing o Anycat, aunque el <em>shanzhai</em>, como idea, abarca a todos los terrenos de la vida.

El shanzhai visualiza un tipo singular de creatividad. Sus productos van apartándose del original sucesivamente, hasta mutar en originales. Juegan con las marcas a la manera dadaísta, lo cual no solo se revela como una expresión de creatividad, sino que también tiene un efecto paródico o subversivo frente al poder económico y los monopolios. La riqueza imaginativa de los productos shanzhai, es en muchas ocasiones superior a la del original. Lo nuevo emerge a partir de variaciones y combinaciones sorprendentes.

 

En Asia los productos culturales no son, por antonomasia, la expresión de un individuo genial. Por el contrario, carecen de un creador o propietario de la obra en cuestión. Se trata de explicar la constante transformación china como un opuesto a la idea de identidad occidental, al sentido de permanencia y de conservación.

Contra la raigambre platónica según la cual verdad y belleza son inmutables e idénticas únicamente a sí mismas, se plantea como la creatividad responde a un proceso continuo de variación, combinación y mutación. El pensamiento chino desconfía profundamente de las esencias inmutables o principios.

 

Este proyecto también es una crítica a la idea occidental de que toda copia es detestable y que todos debemos perseguir el original.

 

“El desentendimiento es la madre de la creatividad”